El último duelo

Los dos contendientes al título iban a correr la última carrera en la categoría, pues Márquez pasa a Moto2 y Miller da el gran salto hasta MotoGP. Por eso, teniendo el futuro en dos categorías diferentes, esta iba a ser la última carrera en la que estaban juntos los dos pilotos. ¡Y qué carrera había para la despedida!

Miller salió y, contrariamente a lo esperado, ya en la primera vuelta se lanzó hacia la cabeza de carrera y se puso a tirar poniendo la vida en ello. Esto resultaba extraño ya que parecía que sus posibilidades pasaban por ralentizar la carrera y que hubiese más invitados a la fiesta, de manera que se metiesen más pilotos entre él y Márquez.

Esta situación dejaba que en cabeza se quedasen sólo cuatro pilotos: Miller, Viñales, Márquez y el poleman Niccolò Antonelli. De todos el más justo en ritmo parecía Antonelli, que se quedó en la cola del grupo mientras los otros tres iban intercambiando adelantamientos y, por lo tanto, con cambios constantes de virtual campeón.

 

El grupo trasero fue incrementando el ritmo y a falta de 17 vueltas reingresaron en cabeza cuatro pilotos más: Vázquez, Kent, Mcphee y Rins.

Cuando faltaban 15 vueltas para el final se mascó la tragedia, Antonelli en la entrada a la parabólica de detrás tocó la rueda trasera de Alex, haciendo que los dos estuviesen a punto de caer.

Eso obligó a Márquez a recuperar, dado que Miller volvía a estar en cabeza. No obstante, esta vez contaba con una ayuda, ya que a su rueda se puso Álex Rins, que estuvo ejerciendo de guardaespaldas. De esa forma Álex Márquez pudo concentrarse únicamente en ir hacia adelante.

También Vázquez había llegado hasta la rueda de Miller y se puso a pelear con él, lo cual favoreció la llegada del pequeño de los Márquez.

Una vez reunido el grupo hubo un error por parte de Miller, que le relegó a la quinta plaza, por lo que la recuperación fue el momento propicio de, adelantando a Márquez, alargar la trayectoria para tocarle. A ver si le ponía nervioso y provocaba un error.

De nuevo los errores de pilotaje provocaban que Miller se fuese atrás, y cuando tuvo que recuperar plaza con los pilotos de Honda, con los dos Álex, provocó que se pegase carenado a carenado, sacando de la trayectoria a los dos pilotos.

Efrén Vázquez quedó por delante de Alex Márquez, que cayó a la octava plaza, y con la mano le indicó que le superase. El de Bilbao, que finalmente sí seguirá en el mundial con Kiefer Racing, sabía dónde estaba y lo que tenía que hacer, en todo momento lo sabe. Eso permitió a Alex remontar con mayor facilidad.

Lo mismo pasó con Rins, que le ofreció el paso libre para poder llegar a su primer título de campeón del mundo. Ya sólo tenía que superar a las KTM de Antonelli y de Kent para llegar a la tercera plaza que le daba esa corona, cosa que hizo en las vueltas siguientes. Pero no iba a optar a la victoria porque se habían escapado por delante Viñales y Miller.

Viñales estuvo listo y cuando se dio el lío entre Miller y Márquez pasó a la cabeza, y se puso a tirar con todo lo que le quedaba para llegar a conseguir hasta 1 segundo de ventaja. Sin embargo no pudo mantener a distancia a Miller, que tenía un ritmo mucho mayor. Pero lo interesante e intenso estaba por detrás.

Márquez se había situado en tercera posición a falta de cuatro vueltas para la bandera de cuadros, y se había distanciado ligeramente de Dani Kent. No obstante el británico apretó los dientes y curva a curva iba reduciendo la distancia merced a un mejor ritmo, y eso hizo aumentar la tensión y el suspense de una forma no apta para cardíacos. Aunque para fortuna de todos fue el propio Kent el que no soportó la presión y cometió un error en la entrada de la parabólica. Álex estaba a 2 curvas de su primer título.

Finalmente, con su estilo y su personalidad consiguió lo que muy pocos consiguen: ser el mejor del mundo.

La vuelta de honor fue larga, merecida, interminable. Y dejó detalles que no debemos dejar pasar desapercibidos, como que al final de recta cinco o seis pilotos rodeaban a un Álex que se había parado. Seguramente por saturación de sensaciones. O que más adelante fuese Alex Rins quien le esperase, bajado de su moto, para acercarse a felicitarle con un abrazo. 

Esas son cosas que los padres, educadores y responsables de deportistas de élite no deben perder de vista porque el primer paso hacia la victoria es saber que puedes perder.

Miller no contuvo su descontento

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