Marc Márquez: el bicampeón que se convirtió rookie

Después de dos temporadas en el Olimpo de los Dioses, Marc Márquez ha sido expulsado del paraíso para completar su formación como piloto.

Marc debe aprender para mejorar como piloto

La situación actual tiene una parte que se genera en la máquina que Marc está pilotando, que obviamente no está a la altura de las Yamaha o siquiera de las propias Honda de 2014. Pero hay otra parte de la responsabilidad de la situación que está en la parte del piloto.

Partamos de la base que cualquier piloto que gana un campeonato, es porque se lo ha merecido. Y en este artículo no se pone en cuestión la calidad o el talento de Marc, sino lo que en consultoría se llamaría “expertise” en la categoría reina.

Marc es un piloto de una categoría excepcional, un hombre de un talento mayúsculo que ha logrado hazañas que nada tienen que ver con la casualidad o la fortuna, sino con la calidad y la capacidad de trabajo. Eso es lo que le ha llevado a conseguir dos campeonatos y una tanda de diez victorias consecutivas en grandes premios.

Sin embargo todas las competiciones tienen un contexto.

Marc llegó en 2013 a la categoría máxima, después de haber ganado en 125cc y Moto2 en su segundo intento. Sin embargo todos recordamos que la primera temporada de Moto2 la podía haber ganado de no haber sido por una lesión que le afectó la visión y no le dejó competir desde Sepang.

Esa dinámica genera una confianza que te permite acceder a un estado mental en que te atreves a probar cualquier cosa. Además hay que tener en cuenta que el estilo de conducción de Marc Márquez se adaptaba perfectamente al material que se encontró al entrar en el box de Honda, por lo que ya desde las primeras carreras estaba cerca de los pilotos de delante, siempre subido en el podio.

En su primera temporada podía estar regularmente en el podio ya que era el primer año de Rossi tras la etapa de Ducati, y no estaba en el punto de ser competitivo. Esa regularidad hizo que tanto Lorenzo como Pedrosa se sintiesen amenazados por la figura de Marc, más que por el propio Marc.

Esa presión y la mala fortuna que ambos tuvieron en sus caídas, en las que se lesionaron teniendo que pasar por el quirófano, les restó competitividad y puntos. Dos veces en el caso de Lorenzo, que propició una pérdida de puntos que dejó su remontada, en la segunda mitad de temporada, sin efecto.

Ya en la temporada de 2014 se encontró en el box una moto que fue una evolución de 2013, que junto con la incompatibilidad de Yamaha con los neumáticos reforzados en el flanco de Bridgestone le dejó, de un plumazo, sin dos de sus tres rivales. Y el que le quedaba, Dani, con problemas en el seno de su equipo en la primera temporada sin Alberto Puig y que concluyeron con la salida de su jefe técnico  Mike Leitner.

Con esto se quiere mostrar que, aún siendo historia que debe ser escrita en letras de oro, Marc no ha tenido que luchar con situaciones adversas.

Es ahora, con una moto que no funciona, que no puede hacer lo que está acostumbrado a hacer, cuando debe aprender que no se puede salir a ganar todas las carreras. Que hay veces que un segundo, un tercero o un cuarto es la victoria que te puedes permitir, porque terminar lo más adelante posible cuando las cosas van mal, es una victoria. Sin luces ni taquígrafos, pero es una victoria.

Ahora Marc tiene que entender que no siempre puede hacer lo mismo, que no siempre va a poder ganar de la misma manera y tener en el box siempre la misma moto, debe entender cuándo se puede ir a por todo y que va a tener que adaptarse y evolucionar. Si lo consigue estará más cerca de parecerse a uno de sus ídolos.

Ahora Marc es un rookie y no tiene rivales, sus únicos rivales son su moto y él mismo.

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