¿La dictadura que viene?

Diego Lacave

@DiegoLacave

 


Emerge, como en la imagen que ilustra esta recta de atrás de cada martes Post GP, la idea generalizada de que estamos ante la confirmación de una larga, futura, implacable dictadura de Marc Márquez en MotoGP. Que no ha nacido rival que le bata en la lucha por los títulos. Hace unas semanas, Giacomo Agostini contaba en una tele italiana que se cruzó con el de Cervera por el paddock y en vez de decirle “hello” le soltó un desafiante “fifteen” con su risa socarrona. Y Valentino Rossi habla sin complejos del más que probable futuro en el que verá superado su palmarés sin remedio. Casi todos: desde los pilotos a los aficionados (los dos pilares fundamentales) pasando por los mecánicos o los periodistas, asumen una futura hegemonía del “Tro de Cervera” demoledora para el espectáculo de MotoGP. Y muchos se equivocan.

Hay dos puntos importantes para reflexionar. Primero: no estamos ante la “futura dictadura” de Marc Marquez en MotoGP; sino (y si acaso) en pleno “Régimen Marquiano” desde que aterrizó en las motos gordas, en 2013. Por cierto: ya venía de ejercer su autoridad con puño de hierro en pista en Moto2; con remate de “faena torera” en el “Circo Máximo” de Cheste. Y segundo: existe una hegemonía de títulos, está claro; pero la emoción carrera a carrera permanece porque cada fin de semana puede pasar cualquier cosa en la pelea por el campeonato. Y de hecho pasa.

Todos dicen que en Japón va a ganar el quinto de la Categoría Reina, como Mick Doohan. Lo tiene de cara, pero hay que hacerlo. Y el más sensato de todos es el propio Márquez, que no para de recordar este pequeño detalle: el futuro está delante de nuestros ojos, pero solamente podemos agarrarlo con nuestras manos cuando se convierte en presente.


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En este sentido, con el pasado basta. Lo importante de la “dictadura de Marc Márquez” es que lleva cuatro entorchados en cinco años seguidos en la categoría. A los que gustan del mantra “no ha nacido aún quien pueda batirle” les recuerdo que hubo dos que acabaron delante de él, en la clasificación general de 2015. Pero, como vivimos en el futuro permanente, el debate actual de cuánto durará esta hegemonía es lo que realmente vende en este momento. Pues bien: entremos en el morbo, pero con moderación. Para desinflarlo, o sea: el globo, no la figura del piloto.

Márquez es un revolucionario que está marcando una época en este deporte. Esto es innegable y, de paso, maravilloso, ojo; porque (otros debates aparte) es también indiscutible que esta revolución aporta una dosis de espectáculo que la mayoría de los aficionados disfrutan sin complejos. Pero, curiosamente, esta misma revolución lleva aparejada el riesgo de “darse la vuelta” en cualquier momento. Vamos por partes.

Márquez gana pilotando al límite y sabe que esto tiene un precio. Aprovecha el momento de confianza que tiene (y lo hace de manera bestial, como ese hachazo de la curva cinco en la última vuelta de Buriram) pero a la vez avisa a Honda, a sus mecánicos: “Al loro, que no estamos tan bien”. Y acierta, haciéndolo; porque es verdad: el sábado estuvieron hasta las diez de la noche trabajando en el box. Saben que Ducati tiene “algo más” en la gestión electrónica de la moto (aunque a veces falla y lo tapan, como con el accidente de Lorenzo) y sabe que Andrea Dovizioso seguirá mejorando gracias a ello el año que viene.

Después, están Jorge Lorenzo y las Yamaha. En 2019 cambia el escenario del circo al menos en tres pistas: la nueva evolución electrónica, lo que haga Michelin …y Jorge en su box. Eso, que sepamos: ya vendrán nuevos actores a la escena. Por eso, el último en comprar la teoría de la dictadura de Marc Márquez es, precisamente, Marc Márquez. Porque no se fía: ya le pasó una vez, de 2014 a 2015. De repente, la moto cambió a peor; y las Yamaha y sus pilotos estuvieron intratables. Por eso, no se preocupen demasiado del futuro; si Marc va a ganar o no, no sé cuántos títulos más, parroquia. Disfruten del presente y de cómo lo está haciendo, eso de ganar, ganar y ganar, el “Tro de Cervera”. De paso, le darán más mérito. Porque no es tan fácil, oigan. Ni ese futuro que tantos compran, está tan claro.


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