CARRERAS DE SUBMARINOS

Diego Lacave

@DiegoLacave

 


La “Recta de Atrás” de los martes (no la de Losail, que no tiene) va camino de convertirse en una crónica de rabiosa actualidad de los domingos por mor de la actividad de los despachos. Mientras Marc Márquez bromea con pedir el VAR y la FIM se empantana en una reclamación delirante, yo me fijo en las reflexiones de Dennis Noyes, que me regala este maravilloso titular para MotorLuNews. Va por ti, maestro: feliz cumpleaños.

Eso sí, yo lo recorto, lo saco de contexto… porque además de copiota soy un miserable. El tuit completo dice así: “Todo esto es una cortina de humo….la madre del cordero es la electrónica. Si fuera posible neutralizar del todo la electrónica DE VERDAD, la lucha tecnológica sería al aire libre. Un mundial donde la clave es la electrónica es como una carrera de submarinos vista desde la playa.” La clarividencia de Noyes nos debe llevar a reflexionar a todos y en todas las direcciones. Y yo uso esta página para ello (reflexionar, ojo, no pontificar: no me queda claro nada) y no solamente para escribir: también para ilustrar con la foto que he elegido. Mírala fijamente: relájate. Vamos al grano.

Codos en el suelo, pilotos (novatos y convalecientes, incluidos) que pueden mirar a su alrededor mientras su moto está prácticamente en el suelo… En los años de las 500 estarían volando por los aires, ellas y ellos: las motos y sus pilotos. Hace ya diez años mi colega Ismael Bonilla (piloto y colaborador de Fórmula Moto) me contaba cómo alucinaba viendo a Casey Stoner pasar la rápida de Jerez con la muñeca del gas girada a fondo. Su Ducati reducía sola al tumbar la moto a tumba abierta y el piloto metía revoluciones a golpe de levantar la moto ligeramente, preparándose la siguiente justo antes de la de izquierdas de entrada a meta. Recuerdo que poco después llegó Sete Gibernau con una montura de Borgo Panigale pintada de Guinea Ecuatorial y diciendo “yo no me atrevo a hacer eso…” La electrónica vino para quedarse hace más de una década; y lo curioso es que aún estemos hablando de ella. ¿Por qué?

Pues porque un elemento que nació con el signo de los tiempos y la inexorable evolución de la tecnología, cuya implementación en el mundial de los grandes premios ha supuesto un paso adelante (para mí, indiscutible y gigantesco) en materia de seguridad  para los pilotos y que además ha sido un arma definitiva de MotoGP para recuperar el espectáculo en pista, se ve ahora manchado por la peor sombra que en el deporte existe: las trampas. Y esa sombra de duda ha sido esparcida por los equipos del campeonato. Que no es una paranoia periodística, oigan. La temporada pasada ya se lanzaban mensajes velados por el paddock. Todo lo que se habló y se debatió sobre la IMU hizo reaccionar al campeonato; porque como dijo, con tino, también Noyes en televisión, un software que se usa para evitar que vean las posibles trampas que haces con la electrónica te demuestra que efectivamente, esas trampas existen.

Ahora hay IMU única y más control; pero parece que el pique entre fábricas continúa. Yamaha se ha salido de este aquelarre de despachos que, sin embargo, este mismo martes ha visto con buenos ojos Oriol Pugdemont en Motorsport. Su reflexión también es muy interesante y señala al debut de Massimo Rivola en Aprilia tras su experiencia de más de 20 años en la Fórmula1 con Minardi, Toro Rosso y Ferrari. Lean a “Orioliño” porque es el que más sabe (también cubrió la F1) y decidan su propio criterio. Alberto Puig decía, sobre arrancar la temporada con sus pilotos lesionados, eso de “mejor ahora que a final de temporada” y a mí se me ocurre que es verdad, que tal vez esta crisis en MotoGP sea positiva por “tempranera”. Solamente escribo tal vez…

Porque igual que hacerse daño antes del GP de Valencia sería un desastre, también tendríamos un drama colectivo al tener el título de MotoGP decidiéndose en los despachos y no en la pista, en el mes de noviembre. Algún malpensado dirá algo así como: ya que, tanto la adjudicación como el diseño de los circuitos se decide en despachos; resulta que al final, lo que sucede en el asfalto vuelve a la mesa de reuniones… Y a mí entonces solamente me quedará acordarme de Italo Calvino escribiendo sobre la carta del ahorcado en El Castillo de los Destinos Cruzados (siempre copiando, siempre miserable, siempre yo) y decir: “Dejadme así. He dado toda la vuelta, y he comprendido: el mundo se lee al revés. Todo está claro.”

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