La sonrisa de Valentino Rossi dibujada al ritmo de la recuperación de Yamaha

El domingo fue un día especial para todos los amantes del motociclismo, especialmente para los que hemos crecido viendo ganar a Valentino Rossi. El piloto italiano volvió a demostrar el pasado domingo que la edad es solo un número y que lo mismo da soplar 40 velas que apenas 25 si la pasión que tienes por lo que haces es tan grande como la suya.

Se podían contar con los dedos de una mano los que señalaban a otro que no fuese Marc Márquez para la victoria, un piloto que había ganado siempre  en la categoría reina en el Circuit of the Americas, pero un fallo del Sheriff de Austin cuando quedaban solo 11 vueltas para el final de la carrera dejó vacante el codiciadísimo trono de ganador. Fue entonces cuando entre Valentino Rossi y Álex Rins se configuró una apasionante lucha que dejó como primer clasificado a Rins y como ganadores a la afición que pudimos disfrutar un bonito duelo entre el veterano y uno de los benjamines de MotoGP.

Pero al margen del resultado el italiano volvió a dibujar una sonrisa en las caras de la afición que durante el último año habíamos visto la frustración en su cara al no tener un caballo de batalla que pudiera estar peleando por la victoria.

Ha sido este 2019 que el 46 encara su 24ª temporada en el Campeonato del Mundo de MotoGP cuando hemos vuelto a ver, al menos en la recta inicial del campeonato que la Yamaha YZR-M1 pasa por un buen momento, todo lo contrario que en los dos últimos años cuando la marca nipona sufrió su mayor crisis a nivel deportivo encadenando un total de 25 carreras sin ganar.

No es ningún secreto que tanto Rossi como Viñales se han volcado esta pretemporada en dar sus opiniones sobre la montura para que desde el equipo pudieran trabajar en hacer una moto competitiva a la altura de la todopoderosa Ducati Desmosedici o la Honda RC213V. Hasta ahora podemos decir que ha funcionado en vista de los resultados.

La principal causa de alegría–independientemente de que no ganara-, es el hecho de ver luchar a Rossi con armas suficientes por su deseado décimo título mundial; es ver que a pesar de los años el tiempo parece no pasar por el joven de 40 años que está en condiciones de pelear contra los jóvenes de la categoría. Siempre fue bonito ver al 46 más visceral luchando cuerpo a cuerpo contra un rival con un objetivo común: la gloria que solo da la victoria.

Por el contrario, ¿qué es ver un animal con hambre de victoria sin los medios para conseguirla y el talento infinito para hacerlo?  Es la sensación que se nos quedó en 2018, un Valentino Rossi que a pesar de su edad quiso luchar contra los mejores y casi no pudo, pero como una fiera la montura del italiano ha vuelto a despertar, dándole a éste –que nunca estuvo dormido- armas suficientes para luchar.

Es por eso que el domingo todos los aficionados al motociclismo estuvimos de celebración pues vimos descorchar el cava a una de las mayores leyendas de nuestro tiempo, pero siempre nos quedará la duda de qué hubiera pasado si Marc Márquez hubiese podido  reanudar la carrera  y  quizás podríamos haber visto una fantástica lucha  entre Rossi, Rins y Márquez por la gloria en territorio 93.

 

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