Más allá del laurel

Antes de nada me gustaría pedir disculpas por ir a contracorriente. No estoy de acuerdo con la opinión mayoritaria. Ni con Marc Márquez. No todo se mide en campeonatos mundiales. La grandeza de un piloto va más allá del número de coronas conseguidas, ya que el motociclismo difícilmente se puede medir solamente con números. Es una lógica perversa que ha invadido el pensamiento moderno y que desprecia uno de los pilares fundamentales del deporte de las dos ruedas; la épica.

El mismo Marc Márquez reconocía que no tenía que haber arriesgado tanto para lograr la pole del pasado Gran Premio de la República Checa. Que hecho el cálculo coste/beneficio traducido en riesgo/recompensa fue una equivocación arriesgar tanto para ganar tan poco. El caso es que en este deporte rara vez dos más dos suman cuatro y no todo se puede reducir a los números, la aritmética se queda corta para medir la grandeza del motociclismo y sus protagonistas.

Marc Márquez apurando la frenada. Foto: MotorluNews

Siempre se dice que solo pasan a la historia los campeones y que nadie se acuerda de los segundos. Tal vez en otros deportes, pero ¿acaso ha caído Randy Mamola en el olvido por no tener ninguna corona? ¿Dani Pedrosa no será recordado como uno de los mejores pilotos de MotoGP a pesar de no conseguir nunca los laureles de la categoría reina? Por supuesto que los campeonatos conseguidos son importantes. Son la meta última por la que se compite, pero últimamente parece que sea la única y es algo que hace este deporte mucho más aburrido.

Somos muchos lo que aplaudimos a los pilotos que esconden la calculadora bajo el colín y corren como si no hubiese más objetivo que ser el más rápido de la sesión. Da igual si es una carrera o un simple entrenamiento cronometrado o la última curva de la última carrera con el campeonato en juego. Aún cuando el piloto ya es el más rápido, siempre hay un rival al que nunca se puede batir; el obstinado cronómetro que te convierte en tu máximo rival. Es la lucha de la superación en la pista, bien contra otro piloto o bien contra uno mismo.

Marc Márquez negocia una curva a izquierdas. Foto: MotorluNews

Con esto no quiero decir que haya que correr siempre a lo loco. Hay que saber ponderar las sesiones, las carreras y los campeonatos. Pero por favor, dejen hueco a la épica y a la sangre caliente. No son el todo pero tampoco la nada. Sin duda los siete títulos mundiales de Márquez lo convierten en un gran piloto. Pero desde mi humilde punto de vista lo que lo ha convertido en un piloto excepcional ha sido las veces que se ha olvidado de hacer cálculos y ha salido a la pista a darlo todo. La mayoría de esas veces tenía mucho más a perder que a ganar y sin embargo, arriesgó, la mayoría de las veces le salió bien y eso le ha convertido en una leyenda que trascenderá más allá de los números.

El pasado sábado en Brno volvimos a ver a ese Márquez arrollador cuyo único objetivo es demostrar de lo que es capaz sobre dos ruedas. Su pilotaje fue de cirujano sobre el asfalto medio mojado del circuito checo. Sus slicks entraban milimétricamente ajustados en el estrecho carril seco abriendo el gas lo máximo posible para no salir por orejas y apurando cada una de las frenadas en el palmo preciso para no acabar besando el asfalto. Fue épico, diría incluso poético y el cronómetro confirmó lo que ya todos intuíamos. Fue lo más cercano a la perfección sobre un terreno imperfecto, en el filo de la navaja pero sin miedo a cortarse. Así que por favor, no cercenen las alas del pájaro. A él lo hará aún más grande y a los que lo disfrutamos nos hará mucho más felices.

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