¿Alerta? ¿Qué Alerta?

Diego Lacave

@DiegoLacave

 


Mi querido vecino de MotorLuNews Manuel Pecino arrancaba su magistral artículo de la semana pasada con un párrafo demoledor, en el que mencionaba hasta a su propia madre; y donde se refería a “el triste hundimiento de la popularidad de las carreras de motos” en España. Y yo, entre los grandes premios de madrugada que van de Asia (Japón) a Oceanía (Australia) quiero reflexionar sobre algo que me pasa a mí también con mi progenitora (y con mis herederos) y que le está pasando a la difusión y por lo tanto al futuro de MotoGP en nuestro país. Haciendo “spoiler” porque el click ya está contado, parroquia: no hay alarma que valga. El Sol sigue saliendo por el mismo sitio, todos los días. Llueve: hoy me voy a enrollar.

Para empezar, cualquier dato que os quieran vender sobre las audiencias no tiene respaldo oficial alguno, puesto que la nueva plataforma tenedora de los derechos de difusión no los ofrece. A mí mismo (y gracias a la conexión con gente muy importante de este negocio) me trasladan unas cifras alarmantes que no voy a reproducir, por dos razones: porque no tengo forma de contrastarlas y porque no considero que los datos, en frío, sean relevantes. Aunque suene a contra sentido: un bosque no es sólo un conjunto de árboles.

La “caída libre” de la difusión de MotoGP es evidente sin necesidad de tirar de números por una sencilla razón: porque habíamos subido muy alto. El proceso no ha empezado con la aparición de Dazn y tampoco ha tocado a su fin, aún. Desde hace una década, y a pesar de hacer crecer todavía más “el pastel” de MotoGP en España con el advenimiento de la cuarta cita en suelo patrio (el GP de Aragón) Dorna sabía que el camino desde ese Olimpo alcanzado solamente tenía una “presunta” dirección: hacia abajo. Por eso se pusieron manos a la obra para pilotar una nueva crisis particular (como lo fue la prohibición del patrocinio del tabaco) a nivel local, en España; hasta llegar al escenario que tenemos hoy en día (insisto que aún está en plena evolución) con un daño colateral evidente: las grandes audiencias a nivel nacional.

El primer paso fue mucho más doloroso de lo que ahora parece: de RTVE a Tele5. Es cierto que estamos hablando, todavía entonces, de difusión en abierto; pero el cambio a una tele privada con más publicidad, la eliminación de los programas de apoyo entre semana y el hecho de desaparecer de la tele pública (omnipresente en todos los hogares) en la que habían estado “las motos” desde hace décadas fue un punto de inflexión importante. Por una razón añadida: en plena crisis económica, una empresa privada (Mediaset) había pagado una “morterada” por un producto Premium que ellos no eran capaces de rentabilizar. Y en muy poco tiempo, dejaron de creer en él.

El matrimonio entre empresarios (Ezpeleta y Vasile) al que yo asistí en Jerez en 2012 arrancó con mucha pasión pero entró en crisis (por la gran crisis) muy pronto: en 2014 entró en juego Movistar como nuevo operador de pago por visión en directo y sin cortes de publicidad en plena carrera, conviviendo algunas temporadas con emisiones de Tele5 en diferido. Dorna volvió a hacer bien su trabajo, salvando la papeleta de un contrato que Mediaset no quería cumplir e iniciando una era de cinco años en la que el nuevo operador se implicaba de lleno en MotoGP, patrocinando además al equipo de fábrica de Yamaha y el Gran Premio de Aragón.

Por el camino y desde hace tiempo ya se notaba la “desaparición” sistemática de las imágenes del mundial en la televisión en abierto; y la reducción de las audiencias empezó a ser un tema recurrente entre los patrocinadores y equipos españoles implicados. Movistar compró el Plus (fútbol, cine, series…) y el nuevo presidente de Telefónica no hizo el mismo esfuerzo por continuar con MotoGP de la misma manera que sí hizo con la Fórmula1; pensando que Dorna no tenía otra opción que la de seguir en su plataforma. Pero (lo he escrito cien veces, no es una frase mía) Carmelo Ezpeleta es el único tipo que conozco capaz de jugar cada día a la ruleta rusa y ganar siempre: estaba la carta de Dazn.

Tres años de contrato, con cifras astronómicas por los derechos de MotoGP (dinero que alimenta la financiación del campeonato) en España, al llamado “Netlix de los deportes” que está en plena guerra por quedarse con el fútbol en nuestro país y que tiene un músculo financiero insondable. Todos los artículos que habéis leído sobre sus pérdidas son “fake news” porque se trata de inversión a futuro. Si hablamos de gastar dinero en la tele (que además ya hay que empezar a llamarla de otra manera) no hay campeón más grande en nuestro país que Telefónica de España.


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Dorna ya ha anunciado que la continuidad de cuatro grandes premios en la Península Ibérica (entrará Portugal en el baile) es insostenible en el medio plazo. Además, tienen un plan de sustitución inmediata a la posible salida de algún otro patrocinador español de referencia (como pasó con Movistar y el ahora llamado Monster Yamaha Team) del campeonato. No es casualidad que ya esté una petrolera asiática ganando cada vez más protagonismo en MotoGP… Incluso el verso suelto de Marc Márquez ha sido silenciado: el ahora embajador de Dazn en España ya no añora en público, como sí hacía hasta el año pasado, que “las motos no las vean todo el mundo en España como antes…”.

Diez años después, MotoGP ha seguido creciendo, tanto a nivel financiero como en lo que se refiere a difusión, en los mercados emergentes que le interesan a la industria que representa la MSMA; una de las tres patas fundamentales del campeonato. El precio, el “daño colateral” es el nivel alcanzado en las últimas décadas en España; y el proceso aún tiene mucho camino por recorrer, pilotado en todo momento por Dorna. Porque a pesar de las audiencias (y también: diez años después) la difusión y el conocimiento de MotoGP en España sigue estando muy por encima de la media de otros países europeos de “rancia solera” en el mundial de los grandes premios.

Los aficionados de toda la vida no tienen ningún problema para seguir su pasión de manera eficiente (estén donde estén) y barata (incluso cuando dupliquen la cuota) todo el año. Otra cosa es lo que en el lenguaje del mercado se llama “el público de conquista” y en este caso me refiero a los más jóvenes; los que paradójicamente están más familiarizados con este nuevo sistema. Por eso he querido, al principio, ir más allá de Pecino y, además de a mi madre, nombrar a mis hijos. Ellos tienen dos de los cinco dispositivos de mi cuenta de Dazn: y no lo abren jamás. El público más joven (y en esto sí que espero equivocarme) es el mayor daño a largo plazo que, creo, está fuera de toda previsión o cálculo… Incluso para Dorna.

 


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