Esta vez si, la mejor afición del mundo

Siempre me ha parecido muy pretencioso ese título otorgado a la afición española al motociclismo que la califica como la mejor afición del mundo. No solo pretencioso, sino totalmente injustificado en un país que desprecia todo lo que no sea MotoGP.

Partimos de la base de que el aficionado español es perfectamente libre de atender las competiciones que le de la gana, cosa totalmente lícita y legítima. Hay quien argumenta que la alta presencia de pilotos españoles en MotoGP hace que los aficionados se identifiquen con la competición, cosa que no sucede en otros campeonatos. Pero entonces cuesta mucho entender que en los bares no se comenten los más de 20 títulos mundiales de trial de Toni Bou, los triunfos de David Checa en el mundial de resistencia o las proezas de un chavalín como Jorge Prado que deja al mundo anonadado con su pilotaje en el Mundial de Motocross y que en su país es prácticamente desconocido. Hablamos de un país donde el Mundial de Superbike es muy minoritario y no es capaz de llenar ni la mitad de las gradas de un circuito.

El Fim Cev Repsol se merece un capítulo aparte. Un campeonato de primer nivel mundial, puerta de entrada a MotoGP (más de la mitad de los pilotos del Mundial han pasado antes por el Fim Cev), disputado en muchos circuitos mundialistas y con equipos academy de grandes escuderías mundialistas. Allí se encuentran directores de equipo del Mundial, a pilotos o ex pilotos del Mundial guiando a jóvenes chavales de varios continentes enfundados en monos de cuero sobre motos igualmente mundialistas. La entrada es gratuita, los pilotos, los equipos y los circuitos de primera, el acceso al paddock es ilimitado… pero apenas se llena alguna grada.

Podemos seguir con el CEV RFME o viajar al extranjero, desde el BSB hasta las mismísimas road races, pasando por el speedway y el desconocido pero emocionante mundo del off road. Todos ellos brindan un espectáculo de dimensiones estratosféricas que en España solo enganchan a un reducido grupo de aficionados tan entendido como minoritario. Si la gran masa sabe algo de Toni Elias es porque se le cita en las retransmisiones de MotoGP; mejor no hablemos de los Javi del Amor o Carmelo Morales que tenemos por todo el país.

No quiero que se entienda esto como una crítica. Tal y como he dicho al inicio, el aficionado es perfectamente libre de atender las competiciones que le de la gana y aquí no hay reproche ninguno. Es un análisis, una observación, una realidad. Por otra parte tenemos la fortuna de disfrutar de cuatro de las mejores pruebas de MotoGP del mundo y lo cierto es que ahí la afición tiene una entrega total. Son cuatro carreras, pero aún así se llenan las cuatro y se viven como en pocos rincones del planeta. Gozan de una gran organización, preciosos circuitos y salvo pocas excepciones, una meteorología envidiada. Se comentan en el bar al día siguiente y si hay título o carnaza para Sálvame, hasta le pueden quitar alguna portada al peinado de CR7 en la prensa deportiva.

Este domingo tuvimos un Gran Premio de Jerez muy especial y sentí, por primera vez, que esta si podía ser la mejor afición del mundo. No fue al ver el parking del circuito con un manto de motos. No fue al ver la pelousse poblada a las siete de la mañana, ni tampoco debido al cambio de nombre del circuito. Tampoco lo pensé al ver a los aficionados dejándose las palmas de las manos en la #vuelta12+1. Todo esto me erizó el vello, pero creo que era algo que la grandeza de Ángel Nieto me hacía dar por descontado. Estaba garantizado. Si buscas el significado de carisma en Wikipedia, debería salir la foto del de Zamora.

Siempre sentimos que cualquier tiempo pasado fue mejor. Habla con cualquier veterano de cualquier cosa y, salvo honrosas excepciones, te dirá que se está degenerando y que antes si que valía la pena. A mi me pasó con la extinción de los motores de dos tiempos en el Mundial, con las ayudas electrónicas y me sucede cada vez que oigo hablar de cómo era el paddock hace 20 o 30 años. Es el precio de la evolución, las cosas cambian y siempre hay alguno de esos cambios que no gustan. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, hay algo que enfada a mucha gente incluido un servidor.

No puedo entender que se pite a ningún piloto. Se me hace aún más incomprensible que se pite a un piloto como Marc Márquez, exponente máximo de este deporte. No solo está tocado por una varita mágica y se ha convertido en una leyenda del motociclismo. No solo va camino de convertirse en el jefe del olimpo de las dos ruedas. Además, es lo suficientemente quemado como para olvidarse de vez en cuando de la calculadora y no importarle la corona. Es de esos pilotos que metido en el fragor de una carrera, que no es otra cosa que una batalla, prioriza el duelo en la pista y ofrece recitales de pilotaje al alcance de muy pocos. No le importa ni siquiera perder una carrera, pero no puede dormir si no intenta el adelantamiento en la última curva de la última vuelta aunque sepa que está condenado al fracaso. Para él el pilotaje está por encima del resultado.

En una época en la que los intereses comerciales y económicos lo dominan todo, es una suerte tener un piloto así. La razón no puede con Marc Márquez. Ni siquiera la razón del dinero. El de Cervera no es tonto y sabe que a veces debería contenerse y no arriesgar. Bien lo aprendió en 2015. Si hubiese sido un poco más conservador, le hubiera ido mejor, tanto a sus huesos como a su bolsillo, pero no hubiese brindado ni la mitad del espectáculo que nos ha dado. Y cada fin de semana, tira la casa por la ventana, arrastra el mono por el asfalto las veces que haga falta para encontrar su límite ese día y en ese circuito, con esa moto y esa goma. Por este motivo me parece un regalo para el aficionado. Te levanta del sofá y te deja con la boca abierta. A ti, a mi, a Doohan, a Agostini y básicamente a cualquier aficionado a este deporte que no vea las carreras desde la trinchera. Es un regalo para el motociclismo y sin embargo…

El recién renombrado Circuito de Jerez Ángel Nieto ha sido el primer circuito en el que no ha recibido abucheos este año. Ahora si, esta es la mejor afición del mundo. Lo es porque no abuchean ni a Marc ni a cualquier otro, ya que este escrito sería idéntico si el objetivo de los pitidos fuese Valentino Rossi, Johan Zarco o Xavier Simeon. Este año espero que veamos que hay otras aficiones que también son la mejor del mundo. No lo han sido ni la catarí, ni la argentina ni la texana. Por desgracia, tenemos casi garantizado que en otros países demostrarán lo contrario y entonces diré orgulloso que la española es mejor. Me da igual cuanto sigan las Superbike, el Speedway o el IOMTT en otros países. Me da igual si conocen todos los apellidos de todos los pilotos de un campeonato regional. La medida de la calidad de una afición no se mide por los aplausos del podio, pero su bajeza si que se mide por los pitidos. No se trata de ser grandes entendidos de este deporte, cosa que admiro, se trata del respeto a los pilotos que se juegan el bigote por demostrar que son los mejores a lomos de dos ruedas. Gracias Jerez, muchas gracias por demostrar que ahora si, tenemos la mejor afición del mundo.

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