Hablemos de Joan Mir; pero en serio

Diego Lacave

@DiegoLacave

 


La rumorología desatada por el paddock, desde que arrancó la presente temporada, sobre el futuro inmediato de Joan Mir, ha trascendido hasta inundar de “ansia informativa” a dos medios de referencia: mientras GPone.com coloca al piloto en la esfera de Suzuki, Motorsport.com asegura que el acuerdo con HRC ya está firmado. Y yo vengo como cada martes, a esta recta de atrás, a hablar con “ustedes-vosotros/miembrosymiembras” de casi todo lo que sé de lo que ronda a la figura de un piloto de Moto2 que se llama Joan Mir. Y quiero hacerlo muy en serio.

Joan Mir es la nueva “esperanza blanca” de un MotoGP contemporáneo que ha tomado en carne propia el signo tragicómico de los tiempos actuales: vivir en el futuro permanente.Nunca es ahora y nunca es el fin”, escribió un sabio muy tonto al que no quiero nombrar, precisamente, porque le quiero mucho. Si no has entendido esto que digo a la primera, asómate a tu propia vida. Verás cosas que sin duda, te ocurren a diario. Cuando deberías estar disfrutando de una tarde de sábado rodeado de la gente que te quiere, tu cabeza te lleva a planear el fin de semana que viene, o las vacaciones de verano, pongo por caso. “En el motociclismo están los siete pecados capitales” me dijo hace diez años Chicho Lorenzo (un sabio muy inteligente al que siempre cito sin complejos) y yo aprendí esa lección, quise ir más lejos que la misma Biblia, y desarrollé esta idea hasta darme cuenta de que lo más apasionante de MotoGP reside en su esencia de “mundo en miniatura” que circula por el “mundo-mátrix” de verdad; copiando, exagerando, satirizando incluso a veces, la grandeza y las miserias (una es una, de la otra hay miles) de la inefable condición humana.

El infame párrafo de soberbia filosófica que te acabo de colar por debajo de las piernas me sirve para explicar el caso de Joan Mir, desde mi enfermizo criterio. Nadie, ni Puig, ni Brivio, ni el paddock, ni la sala de prensa, le han descubierto ayer, parroquia. Todos viven en el “futuro permanente” y se ven condicionados por la prisa que flota por todas partes. También Alberto, amante de la vieja (y perdida a su pesar) escuela, tiene que adaptarse a los nuevos tiempos y a sus nuevas responsabilidades. Y a fe mía que ha llegado a su cargo con la firme determinación de hacerlo.

Alguien me decía, en Jerez, que para qué iban a fichar a un nuevo e hipotético “Anti-Márquez” los que tenían a Marc en casa para ganar diez títulos más. Que los que debían buscar y fichar ése “Ánti-Márquez” eran los otros. Y que ojo con cargarse el equilibrio de poderes, la “Pax Marquiana” (o “petrolera”) que, con la figura de Dani Pedrosa, le confiere al Repsol Honda Team un bálsamo ganador jamás visto en un garaje del mundo de las carreras, de las dos o cuatro ruedas.

Es un buen argumento; tan bueno como el que defienden aquellos que aseguran que Marc Márquez tarde o temprano (de nuevo, recuerden, mañana ya está aquí) cederá a la insoportable tentación de ganar con otra marca. Especialmente cuando esa otra marca está dispuesta a hacerte una oferta económica que constituye, ahora lo escribo al revés, una tentación insoportable. Hay que trabajar teniendo ese futurible escenario en cuenta; y hay que recordar que Honda jamás ha aceptado depender deportivamente del genio de un solo piloto.

Tengo claro, al tiempo, que lo que me dijo Paco Sánchez en Pole Position Radio la pasada noche es tan verdad (no hay nada firmado) como que el camino de Joan Mir hacia el garaje naranja más deseado de todos los tiempos, es inexorable. Sencillamente, están condenados a rematar esta faena. Alberto Puig nunca exhibió un interés firme en Zarco más allá de mandar un mensaje claro a Dani Pedrosa (“ve dando el paso, que a mí me da la risa”) y siempre tuvo en el punto de mira la supuesta locura de la “Operación Mir”. Y Paco Sánchez hace su trabajo y estira la cuerda de las condiciones (y los ceros) del contrato todo lo que puede; mientras a la vez intenta esperar por respeto a Pedrosa el desenlace de su futuro. Dicen que Dani quiere dos años y Honda ofrece uno, que las pretensiones actuales de Mir son inaceptables para HRC pero que el interés (y el plan B) de Suzuki es firme… De acuerdo. Nada nuevo bajo el sol de los contratos que en el mundo han sido. Me creo que todo eso esté pasando solamente por una razón: ya es irrelevante.

Lo que a mí me interesa remarcar es que hemos llegado a un punto de inflexión, de no retorno. Porque lo que se ha publicado viene de un compañero solvente como Oriol Pugdemont y yo conozco su fuente y es fiable. Y creo que todo tiene que ver con una batalla periodística con otros enviados especiales españoles que están esperando dar una exclusiva que empieza a perder esencia, incluso, como noticia. Joan Mir ya tiene colocada la “vitola del debe” para ser el compañero de Marc Márquez a partir de 2019, parroquia. Porque los protagonistas lo quieren; y para ambos el plan B de Suzuki (que también existe) sería interpretado por alguna mente perversa como un pequeño fracaso ante tantas expectativas que ya se han creado y son imparables.

En todo caso (vuelvo a copiar al sabio y a usar sus frases, a mi antojo) es un tiempo de especular intensamente. Somos información y algunas conclusiones pertenecen a nuestra imaginación, hasta que la bofetada de realidad nos devuelve a un presente al que siempre despreciamos. Y no estoy hablando solamente de la prensa, ojo. Algunos seguiremos siendo malos periodistas, malos fotógrafos o peores amantes, porque siempre viviremos en el futuro permanente de querer ser otra cosa. La vida de cada persona se mueve en una realidad por descubrir. Y esto sirve para cada hálito de energía que discurre por el paddock de MotoGP. Y también para Joan Mir; el actual Campeón del Mundo de la Auténtica Categoría Reina del Motociclismo: las apuestas de futuro.

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