Ciclogénesis explosiva en el box Yamaha

Ciclogénesis explosiva en el box Yamaha

Definición: la ciclogénesis explosiva es un fenómeno meteorológico que se produce al chocar una masa de aire caliente, con otra de aire frío, generando unos efectos devastadores, similares a los de un ciclón tropical.

 

Manuel Pecino

Más o menos esa es la descripción de lo que sucedió el pasado fin de semana en el lado izquierdo del box de Yamaha, el lado de Maverick Viñales. La tensión que desde hace meses se ha estado viviendo entre el piloto catalán y su jefe de mecánicos, Ramón Forcada, pasó de la frialdad total a un explosivo enfrentamiento con luz y taquígrafos.

 

La tormenta se comienza a fraguar cuando Ramón Forcada, jefe técnico de Maverick Viñales, hace unas declaraciones a Movistar sobre su despido como hombre de confianza del piloto catalán. En esas declaraciones, Forcada asegura que el piloto en ningún momento ha hablado con él, que la notificación le ha sido dada por el mánager del equipo. “Él conmigo no ha hablado, no sé si por educación o por cobarde”, asegura en un momento de esa entrevista.

 

El propio Forcada se da cuenta de que la utilización del término “cobarde” ha sido un error, y pide al periodista que le está grabando repetir la toma. En Movistar, patrocinador principal del equipo concuerdan con ello. En esa nueva entrevista Forcada dice:

 

El piloto no me ha dicho absolutamente nada, ni una sola palabra. Yamaha me comunicó hace días que había la posibilidad y bueno estamos mirando de encontrar una solución con Yamaha. ¿Qué ha fallado? No lo sé, eso preguntárselo a él, que no me ha dicho ni una sola palabra, ni una queja, ni un mal gesto, absolutamente nada, si no se lo preguntas a él… A mí no…”

 

Preguntado sobre de qué forma todo esta situación estaba afectando el trabajo dentro del box, Forcada dejó claro el malestar y el ambiente enrarecido que la situación estaba generando. “No ha cambiado nada en absoluto. Lo que pasa es que, ¿Dónde está la normalidad? Donde está el criterio… Para nosotros, para los mecánicos… El equipo ha funcionado todo igual. Llevo 11 años en este equipo y aquí no ha cambiado absolutamente nada, lo que pasa es que cada piloto tiene sus necesidades o sus deseos. Esto es una cosa que no sé… Como el piloto nunca ha dicho nada a nadie, no lo sabemos, tenéis que hablar con él”.

 

“Aquí todos somos o intentamos ser profesionales, hacemos el trabajo igual, las relaciones son igual que antes, para mí no hay ninguna diferencia. Yo voy a intentar hacer la moto para ganar hasta la última carrera que esté con él, que no sé cuál será, tal y como están las cosas… Igual es ésta, no sé. Intentaré hacer el trabajo normal como siempre, como he hecho toda la vida, esto no puede cambiar nada.  A parte que no sé hacerlo de otra forma. Ahora que ha salido esto, preguntan ¿Cómo vas a trabajar? Pues no sé hacerlo de otra forma. Lo voy a hacer igual que siempre”.

 

Obviamente Viñales estuvo al corriente de toda esta historia, incluida la parte de “por cobarde”, y obviamente esto no contribuyó a las ya tensas relaciones existentes. Pero la tensión aumentaría todavía un grado más cuando el sábado por la tarde, una vez finalizada la FP3, las imágenes de televisión mostraron a Maverick Viñales entrando al box aplaudiendo después de haberse quedado fuera de la Q2 en el último momento del entrenamiento.

 

Esa imagen aislada fue interpretada como un menosprecio al equipo, aunque más tarde, en la rueda de prensa posterior al entrenamiento, Maverick aseguró que se estaba aplaudiendo a sí mismo por haber planteado equivocadamente el entrenamiento. Una explicación que, sinceramente, sonó a una media verdad consensuada en la reunión entre el piloto y los máximos responsables del equipo mantenida justo antes de su comparecencia ante los medios,  buscando evitar dinamitar ya del todo el equipo de Viñales en el box.

 

Porque era cierto que había existido un mala gestión del entrenamiento y que nadie más que él era el responsable de ello, porque al final es el piloto el que tiene la última palabra de cómo se hacen las cosas. Pero si fue cierto que esos aplausos realmente no fueron contra el equipo sino contra sí mismo, fueron para, irónicamente, felicitarse por dejarse convencer por Ramón Forcada de no seguir la estrategia que él había propuesto.

 

Para la FP3, recordemos que es la que fija las 10 primeras posiciones en la parrilla de salida, Viñales le planteó a su jefe de mecánicos utilizar en la parte final de la misma dos neumáticos traseros blandos para garantizarse el paso a la Q2. Forcada en cambio prefería no echar mano de ese segundo neumático trasero y reservarlo. Para convencer a Maverick, le explicó que era la estrategia que iban a utilizar en el otro lado del box, la estrategia que iba a seguir Valentino Rossi… Forcada convenció a Viñales, o si se prefiere, Viñales se dejó convencer por Forcada.

 

Y es en los compases finales de la FP3 cuando se produce una situación que acaba de poner patas arriba la relación Viñales/Forcada… En los últimos compases de la sesión Valentino Rossi se ve 11º en la clasificación, fuera de la Q2. Está claro que su estrategia con los neumáticos no ha funcionado. Con el neumático blando no había conseguido pasar de 1’55.888, lo que le condenaba a pasar por la Q1. La situación obliga al equipo a echar mano de un plan B que tenían preparado: ¡recurrir a un segundo neumático blando!

 

Con ese segundo neumático Rossi sale a pista con la sesión a punto de finalizar. En un sprint final clava la vuelta perfecta, pasando de la 11ª posición a la primera, mandado al “infierno” de la Q1 a… Sí, ¡a Maverick Viñales!, que con la estrategia de Forcada no había podido ir más allá de un justo décimo puesto. Es fácil de imaginar la doble frustración de Maverick, ¿verdad? Por un lado Rossi le había sacado de la Q2 echando mano de la estrategia que a él le habían desaconsejado; por otro, en el otro lado del box tenían previsto un plan B; en el suyo no… Fue la gota que colmó el vaso de un inicio de GP fuera de control.

 

Y es exactamente esa la imagen que transmitió toda esta crisis en el seno del equipo Yamaha: estar fuera de control. Dio la sensación, bueno, no fue una sensación sino realidad, que todo se les había escapado de las manos primero a los responsables de comunicación, pero especialmente a los directores del equipo.

 

@PecinoGP


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