Marc Márquez y Honda: excelencia a debate

El pasado fin de semana en el circuito checo de Brno se puso punto y final al parón estival de MotoGP y el campeonato se reanudó tal y como terminó en el GP de Alemania: con Marc Márquez en lo más alto del podio sin que ninguno de los otros 22 pilotos pudiera hacer nada para impedirlo, ni un solo adelantamiento que hiciera peligrar el sexto triunfo del todopoderoso piloto de Honda.

Con esa victoria en el Gran Premio de la República Checa, el piloto español consiguió una importante gesta: igualar en victorias totales (76), ni más ni menos que a un piloto como Mike Hailwood, unos números a los que solo han llegado nombres de la talla de Ángel Nieto, Giacomo Agostini y Valentino Rossi.

Esa victoria no es más que una muestra más de la evidencia: Marc Márquez domina a su antojo la categoría reina del Campeonato del Mundo de MotoGP por cuarto año consecutivo y no parece que nadie pueda pararle, más bien, lo que parece es que esta temporada 2019 el anti Márquez no exista.

Este año Márquez lleva seis victorias en diez Grandes Premios y podrían haber sido siete, de no ser por la desafortunada caída que le hizo apuntar un cero en su marcador en Austín, uno de sus circuitos predilectos. Los resultados del español son tan buenos que quitando la retirada del GP de las Américas, en las ocasiones que no ha conseguido ganar ha acabado en el segundo escalón del podio.

Cuando restan nueve carreras el bueno de Márquez lleva 210 puntos y aventaja en 63 puntos a Andrea Dovizioso, pero, ¿por qué Márquez no tiene rival? ¿Es la Honda una montura superior o quizá es el talento de Márquez el único responsable de esos resultados?

El idilio de Márquez con la Honda RC213V

Honda está de enhorabuena, ¿cómo no estarlo cuando tu piloto está marcando claramente una época y es capaz de batir a los mejores pilotos del mundo a lomos de la Honda RC213V en cada Gran Premio?

Pero aquí hay una pregunta clave: ¿Márquez sobresale por la superioridad de la Honda o es otra la variable que debemos estudiar? Para ello hay que ver qué están haciendo el resto de las Honda en MotoGP esta temporada.

Al compañero de equipo del 93, Jorge Lorenzo, nada parece salirle bien en los últimos tiempos, desde la lesión en pretemporada, los más que modestos resultados en su inicio en Honda cuando se le esperaba luchando mano a mano contra Márquez y acabando por la lesión que sufrió en el GP de Assen, que le tiene apartado desde entonces del campeonato. La inexistente experiencia del 99 con la HRC hace que no sea justo comparar sus resultados con los de Márquez, que acumula siete años de experiencia con la Honda.

Al respecto de la supuesta superioridad de la Honda en relación al resto de marcas, hay que destacar que al margen de los dos podios que ha conseguido en estas diez carreras Cal Crutchlow con la Honda del LCR Honda, todos los buenos resultados del año para Honda han sido los conseguidos por Márquez.

Estaríamos hablando de una enorme crisis para la marca nipona de no ser por Márquez, que hace que estemos hablando de justo lo contrario: una etapa para enmarcar.

Además, este 2019 es el primero en que Honda no tiene en sus filas a Dani Pedrosa, uno de los pilotos que mejor conoce la montura y el que durante los 13 años que ha estado en el Repsol Honda ha ayudado a evolucionarla y mejorarla para llegar a ser una moto realmente competitiva.

Pedrosa es un piloto altamente meticuloso que siempre ha necesitado una configuración perfecta de la moto para pelear por la gloria en cada carrera, lo que ha propiciado la mejora de esa montura año tras año y temporada tras temporada, haciendo de la Honda una moto cada vez más fina y fácil de llegar, que ha repercutido positivamente en sus compañeros de equipo, que se han enfrentado a una moto más fácil de conducir.

Ahora nos encontramos frente a un piloto competitivo, pero no una moto en la que cualquier piloto sea capaz de ir rápido y para muestra un botón, el piloto probador de Honda, Stefan Bradl, que actualmente sustituye a Jorge Lorenzo, finalizó la carrera en 15ª posición.

Bien es cierto que Crutchlow finalizó en quinta posición y junto a Márquez es el piloto que a día de hoy es capaz de pilotar más rápido la Honda RC213V, pero el británico no ha conseguido subir a lo más alto del podio desde el GP de Argentina en 2018.

Al más puro estilo Stoner

No es el primer piloto y seguramente no será el último que tiene un idilio con una montura nada fácil de pilotar para otros, pero con la que solo ellos pueden ir rápido. Ejemplo de ello es Casey Stoner, cuando en 2007 ganó su primer mundial de MotoGP a lomos de la Ducati Desmosedici GP7, una montura con la que su compañero de equipo aquel año, Loris Capirossi solo fue capaz de ganar una carrera y subir cuatro veces al podio, mientras que el australiano solo bajó del cajón en cuatro carreras.

Salvando las distancias entre el desarrollo de la Ducati de 2007 y la Honda de 2019, sí hay un paralelismo claro: dos pilotos que se vuelven invencibles a lomos de bestias indomables para otros y que crean en la marca una felicidad peligrosa por la excesiva dependencia de un piloto estrella.

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