Y Jerez se convirtió en Brno, por fin

Diego Lacave

@DiegoLacave

 


La primera cita europea de MotoGP en plena primavera, ha sufrido una mutación hacia la veraniega de la República Checa, en lo que se refiere a la vorágine de los contratos. Y esto ha derivado en una locura que inunda el paddock, se traspasa a los boxes y a veces se acaba pagando en la pista; como sucedió, en el Gran Premio de España… en la recta de atrás.

Hace casi una semana, el miércoles de llegada de los equipos al circuito, KTM estrenaba lo que iba a ser su fiesta de anuncios: la renovación de Pol Espargaró. Y el jueves de previa dio su campanada con Johann Zarco. Después siguieron con Miguel Oliveira al Tech3; y no anunciaron a Jorge Martín para Moto2 de milagro. Por su parte, Davide Brivio, de Suzuki, no se escondía y hablaba de lo pequeño que es este mundillo y que todos están negociando con todos. Alberto Puig se daba la bofetada de realidad que le faltaba en su nuevo cargo y se daba cuenta de que, en la nueva dinámica del mercado de pilotos de MotoGP todo el mundo tiene prisa. El director de HRC quería ver cómo se desarrollaba la temporada de Dani Pedrosa a la vez que iba mirando la progresión de otros pilotos como Zarco; pero ahora sabe que no tiene ese tiempo (hasta Brno) para decidir como a él le gustaría… esperando a que Joan Mir gane una carrera de Moto2, pongo por caso. Es el chico de moda; y hasta Ducati ha preguntado por él.

El contagio de la demanda de los equipos de fábrica tiene a los privados como principales perjudicados, porque deben esperar a las migajas que les dejen. Pero además produce un daño colateral en la cabeza de los pilotos punteros. Y no me refiero solamente a los que están pendientes de contrato. Esos, incluso, aún pueden jugar sus cartas. Aunque a los tres de la foto (entrando a la recta de atrás de Jerez justo antes del drama de Dry Sack) les salga “bacarrá” …ese juego donde las figuras y los ases son lo que menos valen. Salieron a carrera a reivindicarse, se llenaron de balón por un instante; y acabaron por los suelos en un segundo.

Insisto, el daño colateral a los pilotos no se ciñe a los no renovados. Hoy quiero reflexionar sobre la prisa de los que renovaron antes que nadie: Maverick Viñales y Valentino Rossi. Hablé con ambos en Jerez este pasado lunes tras el test. El de Tavullia dijo que él tiene más presión que los de Iwata, porque es mayor y no puede esperar 100 años a volver a ganar y Yamaha como marca parece que sí. Y el de Rosas me miraba complaciente cuando le dije que ojalá hubiera llegado a Jerez libre de contrato… pero enseguida me dijo que su elección estaba hecha y que solamente iba a mirar hacia adelante.

Y yo me rebelo ante eso. Porque si alguien piensa que Lorenzo o Pedrosa tienen algún agobio sobre su futuro, que lo tendrán, compárenlo con la situación de Viñales, que sabe que tiene asegurados tres años (este y dos más) atado a una fábrica en caída libre. Que hasta estrenaron un hospitality nuevo (horroroso, la fachada parece un tanatorio) donde no funcionaban los micrófonos ni el aire acondicionado. Estoy convencido de que si Maverick hubiera llegado a Jerez sin estar renovado, el mismo jueves se hubiera tomado un café con Brivio y, antes de que se enfriara, ya habría firmado su camino de vuelta a Suzuki.

En esta historia, al final, el que mejor ha gestionado la situación es el mismo que mejor se ha adaptado a los Michelin y el que más de cara tiene la pelea por el título. Se llama Marc Márquez y esperó a tener la certeza del progreso que Honda le prometía en su moto antes de hablar de dinero o de agarrar una estilográfica para firmar un papel. Y acertó. Otra vez.


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