“Recuerda que eres humano”

Diego Lacave

@DiegoLacave


Cada vez que el César de Roma volvía de sus campañas militares a la “Ciudad Eterna” se celebraba un triunfo en el que le veneraban como a un dios. En su cuadriga siempre le acompañaba un sirviente de confianza que tenía dos cometidos fundamentales: sujetar la corona de laureles encima de su cabeza y susurrarle al oído la misma frase, repetida cuantas veces fuera necesario, durante el desfile: “Recuerda que eres humano”. Y yo vengo a la recta de atrás (la de MotorLu, porque Mugello no tiene) como cada martes después de las carreras, a analizar las causas del naufragio, en esta vieja tierra transalpina, del nuevo emperador de MotoGP.

Marc Márquez quiso dejar su sello personal en el Gran Premio de Italia, pero la única firma que pudo plasmar fue la de su goma delantera, atravesando con un trazo negro la bandera tricolor de la escapatoria, en la curva 10 del Autódromo del Mugello. Se la jugó con el delantero duro asimétrico y después rajó de él sin compasión. Dejó un recado sobre los neumáticos que debe o no traer Michelin a las carreras y enseñó un inesperado punto débil, venciendo a la presión de los abucheos y ataques a su persona. Es un argumento que le compra sin complejos la prensa cortesana, pero yo creo que se equivocó: mucho más que el rugido de la plebe mientras él resbalaba por el asfalto, lo que le dolió a Marc Márquez fue hacerlo delante de las mismas narices de Valentino Rossi, al que había adelantado poco antes. El sábado también quiso dejar una perla fuera de pista contra su enemigo, “para que no aprendiera tanto”. En el fondo demostró lo que de verdad molesta a un ganador nato, como lo son ambos: el de Tavullia estaba en la pole y el de Cervera saldría sexto.

Jerez, Le Mans y Mugello eran tres circuitos marcados en naranja Repsol, amarillo VR-46 o rojo Ducati (elijan color, según trinchera) desde que certificó, Marc Márquez, lo bien que iba su Honda en pretemporada. Y los triunfos de España y Francia le llenaron de ganas de volver (como aquel mítico 2014) a conquistar, también, Italia. Curiosamente, a lo largo del desarrollo del gran premio, antes del domingo de carreras, Márquez comentó que se enfrentaba a un escenario en el que era más importante amarrar un buen resultado antes que atacar. En el Warm Up, sin embargo, ya demostró una gran ambición por llevarse un “desayuno” más (hasta ese momento, todos los de 2018) pero Andrea Iannone le “robó la merienda”.

Y cuando se apagó el semáforo a las 14:00 CEST (hora local en los valles de La Toscana) Marc Márquez salió desde el lado izquierdo de la segunda fila de la parrilla como un ciervo herido, llegando pasadísimo a San Donato y metiéndole un hachazo marca de la casa a Danilo Petrucci en la curva tres. Sobre este lance, información: Dirección de Carrera barajaba una sanción de varios segundos cuando llegara la bandera de cuadros, hasta que fue el propio Márquez el que decidió ponerse la peor multa posible él mismo; y no fue necesario ocuparse del caso, ni escuchar reclamaciones posteriores. Todo esto, según el criterio de los árbitros de la cosa.

Resbaló de derechas Marc (qué miedo me dan esos intentos sin soltar la moto) y yo escribí en Twitter: “Demasiadas salvadas el día que tocaban caídas”. Me refería a las que vimos el sábado. Todas increíbles. Pero seguro que yo también me equivocaba, por ventajista. Quién sabe. Tal vez haya algo de cierto en todo esto; quizá Marc no tenga asumido que una salvada es mil veces antes un aviso que una machada. Y que a lo peor solamente entiende como aviso, para el domingo, los resbalones que se pegue el viernes y el sábado. La más bestia de todas esas salvadas fue precisamente similar al fiasco de la carrera. Se produjo en la salida de la Arrabiatta 2 y a la misma velocidad. Allí se había dado un buen palo, en los test del mes pasado.


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No sé si Marc se cayó el domingo porque no lo había hecho el sábado (sí el viernes, tras el “sustazo” del siglo de Pirro) ni me atrevo a señalar a “los zapatos” como enseguida hacen algunos. En cualquier caso, creo que una vez más hemos visto (y el piloto también) que el mayor rival con el que tiene lidiar Marc Márquez se llama Marc Márquez. Que tiene cabeza de sobra para plantearse una cita importante e incierta como Mugello con mesura y estrategia; pero a la vez tiene demasiada sangre como para verse por encima de sus rivales, del bien y del mal; y tirar al retrete un podio seguro. Este es el problema. Porque, además, y a diferencia de Termas, donde se fue enfadado con el mundo, esta vez se ha marchado de Mugello con un semblante mucho peor: enfadado (en el fondo de su alma y lo que es peor: sin reconocerlo) consigo mismo.

 

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