Valentino inventa las “Victorias Metafísicas” en MotoGP

Diego Lacave

@DiegoLacave

 


La crónica del pasado Gran Premio de Malasia se habría escrito y contado, en la prensa tradicional de papel de los martes, con el argumento irrefutable de Marc Márquez, ganador de la carrera de MotoGP. Y que Valentino Rossi resbaló por la curva uno a falta de cuatro vueltas para el final. Aquellas revistas (una editada en Madrid, la otra en Barcelona) que convertían los martes post GP en la jornada de actualidad informativa del mundial de los grandes premios, habrían dedicado sus portadas, como es lógico, al título de Moto3 de Jorge Martín. Y tal vez dentro de sus páginas, los lectores más avezados hubieran encontrado algún análisis de Noyes o Pecino sobre el bestial ritmo de carrera de Rossi; o alguna línea mordaz de Pernat sobre lo que significa la crisis de los cuarenta, y tal. Pero los martes de hoy día son para reflexionar, en la recta de atrás de MotorLuNews (y donde internet te lleve), sobre lo que pasó un domingo de carreras en un circuito muy lejano. Porque a ti, toda la información que tienes, hace tiempo que te rebosa por las orejas.

El papel que aún sale algún martes de cada mes queda para el coleccionismo. Por eso, en la web de una de esas marcas legendarias del periodismo del motor español, Motociclismo, la savia nueva de la profesión cuenta cómo, el domingo pasado, Valentino Rossi conquistó, por fin, su décima corona mundialista. No solamente estoy de acuerdo con el atrevimiento de mi colega Nacho González sino que voy más allá; y como escribí el mismo domingo, sigo defendiendo que, en esa curva uno de Sepang, Valentino Rossi se convirtió en el héroe de todos los aficionados a este deporte. Aún a pesar de algunos que, dentro de no muchos años, cuando vean a Rossi en muro del pit, dirigiendo a sus pilotos contra la dictadura de Márquez en la Clase Reina, se dirán a sí mismos eso de “cómo molaba cuando corría, Valentino”.


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Valentino Rossi ha sido tan revolucionario para este deporte como lo está siendo, ahora, Marc Márquez. Y su penúltima vuelta de tuerca la perpetró este pasado domingo en Malasia, inventando, para la historia de MotoGP, el concepto de “Victoria Metafísica”. La frustración por el resbalón de la curva uno duró exactamente el tiempo que tardó, Valentino, en levantar su moto y seguir hasta acabar la carrera. Las aclamaciones de la grada, a la vez que Rossi apartaba con puño de hierro a unos exaltados comisarios que se olvidaron del reglamento que les obliga, fueron el principio de una nueva victoria en su palmarés.

Mientras en el corralito, el de siempre celebraba el real, rutinario y dictatorial triunfo ganado en pista; en el corazón de los aficionados a MotoGP se montaba un podio metafísico donde sonaba un himno sin música pero con una letra clara: “este tío es muy grande”. Y desde la trinchera del #93, solamente la escoria más miserable que jamás tendrá otro pábulo que el anonimato de las redes, celebraba la caída de su demonio favorito. El resto de los seguidores de Marc Márquez (a la sazón, la inmensa mayoría, cabales y moderados) lamentaron este desenlace; y no sólo porque hubieran preferido ver cómo el de Cervera ganaba de poder a poder al de Tavullia; sino también porque, como buenos aficionados, han sabido valorar en la medida que merece la bestial demostración de fuerza y talento de este casi cuarentón (y archimillonario) que continúa empeñándose en seguir siendo, como él dice, un piloto de carreras con el número #46.


Las cenizas de Malasia: lo que nos ha enseñado Sepang


Mención aparte merece el tuit de Jorge Lorenzo. Que nadie quiera ver cuentos de lucha psicológica contra su futuro compañero de box: no es la primera vez que Jorge dice lo que piensa sin pensar en las consecuencias de lo que dice. Lo del domingo le salió del corazón (que está muy tuitero, últimamente) y tuvo la respuesta del propio Rossi con un sencillo “gracias” que significa mucho más que un cordial agradecimiento. Hay quien dice que Valentino ha acusado este cero (entró fuera de los puntos) de Sepang de manera inexorable.

Yo, en mi pertinaz manera de darle la vuelta a las cosas, opino exactamente al revés. El triunfo metafísico de Rossi reside en tres pilares fundamentales: para empezar se ha vuelto a encontrar fuerte como un toro, para seguir ha recibido casi más alabanzas que si hubiera ganado la carrera; y para terminar y lo más importante de todo: viendo conquistar títulos a sus cachorros (con su equipo) y siendo capaz de volver a correr así, como lo hizo; se sacude definitivamente la losa de ganar o no, su propia (y quimérica) décima corona mundialista. Sencillamente, a estas alturas del cuento, ya ni le hace falta.


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1 thought on “Valentino inventa las “Victorias Metafísicas” en MotoGP”

  1. De décima nada aparte de ser una leyenda es un tonto laba que se esta arratrando cual lagartija en una playa

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